Las pulgas son huéspedes del parásito Dipilidium en su estado larvario, que ingiere el perro o gato al tragar pulgas cuando se lame o muerde. En ese caso, el parásito prosigue su desarrollo en el intestino de la mascota hasta convertirse en un gusano adulto que puede medir hasta 70 cm. Sus efectos son pelaje hirsuto, anemia, estreñimiento y prurito (picazón) en la zona perianal, lo que hace que la mascota arrastre el tren posterior.

También a través de la ingesta de pulgas, el Dipilidium puede pasar al ser humano. La enfermedad dipilidiasis afecta sobre todo a niños, a quienes provoca diarrea, cólicos, anorexia, reacciones alérgicas e irritabilidad.